Reflexiones de Marie Kondo


Este mes se estrenó en Netflix la serie ¡A Ordenar! de la famosa consultora japonesa Marie Kondo. Desde tiempo atrás, había escuchado de su método y de su libro. Sin embargo, nunca tuve el interés de adquirirlo. Por curiosidad, entré a Netflix y no hesité en darle click.

Desde el inicio, ver a Marie en pantalla, me trajo tranquilidad y alegría. Ver su sonrisa desde un primer momento me hizo saber que me estaba adentrando en un nuevo mundo. Sin más, vi el capítulo uno y quedé sorprendida. Marie nos presenta el método Konmari, el cual se basa en desechar y conservar sólo lo imprescindible y aquello que brinda felicidad. Para ello, describe cinco categorías: ropa, libros, papeles, komono (cosas random) y memorias (aquellas cositas que nos hacen feliz) y qué se tiene que hacer en cada una de ellas. Detalladamente, Marie explica cómo organizar cada categoría.

Sin embargo, de esta serie, no me llamó tanto la atención la forma de ordenar las cosas, sino la filosofía que utiliza para realizar dicha actividad. Agradecimiento, felicidad, utilidad y desapego son los pilares de la filosofía de Marie Kondo. Estos elementos son utilizados para determinar el valor de un objeto y así decidir si debe continuar en nuestra casa o debe pasar a distintas manos. Para ello, se deben visualizar todas las posesiones al mismo tiempo para así darnos cuenta de lo que realmente tenemos. En ese momento me puse a reflexionar de todas aquellas cosas que guardo porque me recuerdan momentos y personas. Observé mi closet y me di cuenta de toda las cosas que he acumulado sólo por el recuerdo. Fue en ese instante en el que decidí sacar todo y aplicar el Método Konmari.

Por mucho tiempo he guardado ropa con la intención de bajar unos kilitos y poderla usar, sin embargo, han pasado años y ésto no ha sucedido. Fue lo primero que saqué del closet. Lo mismo sucedió con zapatos y accesorios que he guardado con la esperanza de usarlos algún día y ése no ha llegado. En segundo lugar, observé a mi alrededor y junté todas esas cositas que me han regalado o que han significado momentos gratos de mi vida. Al verlas, me di cuenta que la mayoría ya no me causa felicidad.

Haciendo un análisis detallado de cada cosa observé que la mayoría de cosas que conservo es por temor a herir los sentimientos de las personas que me los han regalado. Digo, pensaron en mí e hicieron un gran esfuerzo por compartir algo material conmigo. No obstante, en este momento de mi vida ya no me causan felicidad. En ese instante decidí agradecerle a la vida por poner a personas maravillosas en mi vida, a las personas que tuvieron un hermoso detalle conmigo y a las cosas en sí, por brindarme felicidad por mucho tiempo. Una vez terminados los agradecimientos, las guardé en una bolsa y las regalé.

Sí, en ese momento me deshice de cosas hermosas que representaron momentos pero realmente ya no me hacían feliz. Preferí quedarme con los recuerdos en mi mente y en mi corazón. ¡Ay, pero qué fuerte ejercicio! El desapego emocional tanto a las personas, como a las cosas (que es consecuencia del primero) es tarea difícil. A pesar de ello, es un primer paso para alcanzar la felicidad.

Hoy, veo la vida de una manera distinta. Valoro a las personas que están a mi alrededor por lo que son y prefiero guardarlos en la mente y el corazón. Todas aquellas cosas que pensaba que algún día usaría ya no están y me siento feliz. He tenido un gran respiro y creo que esta nueva filosofía de desapego, agradecimiento y utilidad ayudará a mi crecimiento personal.

¿Estás lista para un nuevo comienzo?


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