COMERCIALIZANDO EL AMOR


Nos guste o no pertenecemos a una sociedad que está casada con una serie de códigos culturales que nos van definiendo a lo largo de nuestra vida como individuos pertenecientes a un colectivo mayor, que a su vez, necesita etiquetar conceptos para su normalización cultural.

Esta unificación del lenguaje nos obliga a ser participes, a veces de forma inconsciente, de acciones que consideramos habituales en nuestra rutina: los besos, los abrazos, los gestos o las palabras aplicadas en ambientes familiares, con lxs amigxs o con la pareja, que indican el nivel de intimidad permisible en cada esfera relacional.

De pequeños tenemos nuestro corazón expuesto y lo entregamos a todo el mundo por cualquier razón, incluso por solo una sonrisa, con el correr del tiempo nuestro corazón va sufriendo modificaciones se agranda, se achica, se rompe, se reconstruye de acuerdo a la ristra de experiencias que vamos afrontando en nuestra vida.

¡Crecemos pues!, por consiguiente llegar a generar las conexiones iniciales de amistad suele ser imponente, con el paso del tiempo vamos desarrollando habilidades sociales que nos permiten generar enlaces con mayor facilidad, pero, no con todos profundizamos, de hecho al ser adulto entablar nexos sinceros, reales y confiables cuesta más.

En la antigüedad los matrimonios tenían por objetivo beneficios económicos, de estabilidad o de posición social, una minoría era por amor, lo incongruente es que criticamos a las generaciones anteriores, siendo que no existe gran diferencia en la forma que procedemos como sociedad "Dime que tan caro es tu regalo y te digo cuánto te quiero".

Un día vas caminando y encuentras rojo, rojo, rojo, rosas, rojo, corazones, osos, globos, chocolates, regalos, promociones, descuentos, mares de gentes navegando por la calles, símbolos sociales que implican un "Gracias", "Te amo", "BFF", "Eres especial"... el listado continúa, ¿Será que nos acordamos una vez al año que existe el amor?, ¿en qué momento lo objetizamos?

Decoraciones temáticas invaden las plazas y las conversaciones que nos indican que estamos en el mes del amor, la cuestión es ¿Realmente se puede materializar lo intangible?, uniformar el concepto resulta burdo partiendo de este lirismo mágico que nos han heredado los medios informativos, las artes y las personas.

Sin embargo, cargamos con símbolos que nos indican que sino realizamos determinadas tareas en fechas o eventos específicos, lo podemos transformar en una descortesía cultural, donde empezamos nuevamente esta repetición cíclica, la cual puede ser cortada solo si nuestras acciones externas están en correlación con nuestros pensamientos internos.

El amor es una idea sumamente compleja, etérea e indefinida, cada uno realiza su propia interpretación de lo qué no es el amor, requerimos dualidades para comprender, ¿cómo podemos comprimir en una tarjeta o una frase todo este universo de significados? No podemos, pero tampoco podemos desprendernos de nuestro yo consumista que es un reflejo de la "interacción social".

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